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Tanuljon spanyolul
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2.1.1) El cobertizo
Nasreddin tenía un
cobertizo. Era viejo y no tenía ventanas. Estaba muy oscuro allí y había
muchas cosas. Nasreddin entró en el cobertizo, porque quería traer una escala.
En el cobertizo se deslizó en un plátano y cayó contra un tenedor para el
jardín. El tenedor le golpeó en la cara y Nasreddin cayó al suelo. El tenedor
cayó sobre él y las puntas del tenedor entraron en su barba. Luchó con el
tenedor, pues dio un salto y salió del cobertizo. Estaba muy enfadado. Tenía
una espada debajo de su cama y corrió buscarla. Volvió al cobertizo, abrió la
puerta y gritó: "¡Ven y lucha! Yo no tengo miedo."
2.1.2) Un artista
Un artista se fue al campo.
Quiso tomar unas vacaciones, y tomó un cuarto en una granja. Cada mañana
salía con sus pinturas y pinceles y pintaba. Por la noche se iba de vuelta a
la granja, cenaba y dormía en la cama. Al término de sus vacaciones, quiso
pagar por la habitación, pero el quintero dijo. "No, no quiero dinero.
¡Dame una pintura! ¡Qué es el dinero! Todo se va en una semana, pero tu
cuadro siempre será aquí." El artista estuve muy contento y agradeció al
agricultor. El quintero sonrió y respondió: "!No, no! Tengo un hijo en
Madrid, él quiere ser artista. Viene cada verano, entonces voy a mostrarle tu
cuadro y creo, entonces no quiere ser artista más."
2.1.3) El corazón enfermo
Una mujer fue al médico,
tenía problemas con su corazón. El médico era nuevo en la ciudad, y no la
conocía. Su primera pregunta fue: "¿Cuántos años tiene?" "Mmm
...", respondió ella, "tengo que pensar." Ella pensó un
momento y luego dijo: "Me casé a la edad de dieciocho años, y mi marido
tenía treinta años, y ahora mi marido es de sesenta años. Sesenta es dos
veces treinta. El doble de dieciocho años es treinta y seis. Entonces tengo
treinta y seis años."
2.2.1) La Navidad
Eran dos semanas antes de
Navidad, y la señora García tenía mucho trabajo. Ella compró un montón de
tarjetas postales de Navidad. Ella quería enviarlas a sus amigos y los amigos
de su marido. Ella los puso en la mesa en la sala de estar. Cuando su marido
llegó a casa del trabajo, ella le dijo: "He comprado tarjetas de Navidad
para nuestros amigos. ¡Por favor, escriba las tarjetas mientras yo voy a
preparar la cena!" El señor García dijo nada y se fue de la sala de
estar en su estudio. La señora García estaba muy enojada con él, pero no dijo
nada tampoco. Luego él regresó con una gran cantidad de tarjetas de Navidad y
dijo: "Estas tarjetas escribí el año pasado, olvidé enviarlas."
2.2.2) Teléfono
La señora García estaba
esperando una llamada de teléfono, pero no tenía pan en la casa, por eso dejó
al bebé en casa y dijo a su otro hijo de cinco años de edad: "Voy a la
tienda, Pedro, y voy a volver en unos minutos." Cuando la madre no
estaba en la casa, sonó el teléfono, y Pedro contestó al teléfono.
"Hola", un hombre dijo: "¿Tu madre está ahí?"
"No", respondió Pedro. "¡Dile a ella, cuando vuelva, el señor
Hernández ha llamado!" "¿Qué?" "Hernández se escribe.
H-E-R-N-Á-N-D-E-Z". "¿Cómo se escribe una H?" "¿Cómo se
escribe qué? ¡Oye, chico! ¿Hay todavía un hermano o una hermana en la
casa?" "Mi hermano Miguel está aquí." "Bien, por favor,
quiero hablar con él." Pedro llevó el teléfono a la cama del bebé y le
dio a Miguel. Cuando su madre llegó, le preguntó: "¿Ha llamado un
hombre?" "Sí", dijo Pedro, "pero solamente quería hablar
con Miguel."
2.2.3) El oso
El anciano señor García
amaba la caza del oso negro, pero sus ojos ya no eran buenos. Una vez casi
tiró a una persona en vez de un oso. Así que (= por eso / porque) sus amigos
eran muy cuidadosos cuando iban de caza con él. Una vez, un amigo quería reír
mucho, tomó un papel y escribió en él: "No soy un oso". Luego se le
colgó en su vientre y entró en el bosque. Sus amigos lo vieron y rieron
mucho, pero después de unos cinco minutos el señor García tiró a él. El amigo
estaba muy enojado. "¿No viste las palabras?" gritó.
"Sí", dijo el señor García. Luego se acercó, leyó el papel y dijo:
"¡Oh! No vi el 'No'."
2.3.1) Dos vasos de cerveza
Un hombre entraba todos los
días en un bar y pedía dos vasos de cerveza. Los bebía y luego pedía dos
otros. Una vez el camarero le preguntó: "¿Por qué usted siempre pide dos
vasos de cerveza? ¿Por qué no bebe un vaso grande?" El hombre respondió:
"Porque no quiero beber solo, bebo con mi amigo." Pero después de
tres días, el hombre entró en el bar y pidió una cerveza. "Oh,"
dijo el camarero, "¿Su amigo está muerto?" "Oh, no", dijo
el hombre. "Está sano. La cerveza es para él. Yo no bebo. Mi médico dice
que no es buena para mí."
2.3.2) Un coche eléctrico
Un hombre quería construir
un coche eléctrico. Durante la semana trabajaba en una fábrica en la ciudad,
pero los fines de semana construía en su casa en el campo su coche eléctrico.
Todos los lunes en la fábrica, hablaba a sus colegas de su coche, pero nunca
era muy feliz. Pero un lunes por la mañana llegó a la fábrica y les dijo:
"He llegado con mi coche eléctrico de mi casa a la fábrica." Sus
colegas fueron todos muy contentos. "¿Cuánto costó?" preguntaron.
"Trescientos dos Euros", dijo. "Dos Euros para la
electricidad, y trescientos Euros para las cables eléctricos desde mi casa
hasta el coche."
2.3.3) El asno
Una vez Nasreddin quiso ir
al mercado con seis asnos. Después de una hora estaba cansado y montó en uno
de ellos. Contó los anos, y fueran sólo (solamente) cinco, por eso descabalgó
del asno, porque quiso buscar el sexto. Buscó y buscó, pero no lo encontró,
por eso volvió a los anos y los contó de nuevo. Hubo seis. Montó y siguieron
el camino. Después de unos minutos contó los anos de nuevo, y de nuevo sólo
fueran cinco. Mientras que estaba contando, vino un amigo suyo, y Nasreddin
le dijo: "Quiso ir al mercado con seis asnos, tuve cinco, pues tuve de
nuevo seis, y ahora tengo de nuevo sólo cinco asnos. Uno, dos, tres, cuatro,
cinco." "Pero Nasreddin", dijo su amigo, "Estás sentado
en un asno. Este es el sexto. ¡Y tú eres el séptimo!"
2.3.1) Los ojos de María
Los ojos de María no eran
muy buenos, por eso tenía que llevar gafas. Pero cuando tenía diecisiete años
y salía con un joven, ella nunca llevaba sus gafas cuando estaba con él.
Cuando él llegaba, ella se quitaba las gafas, y al llegar a casa y él se había
ido, ella se las ponía de nuevo. Una vez su madre la dijo: "!Pero María!
¿Por qué no llevas tus gafas cuando estás con Miguel? Él va contigo a lugares
hermosos en su coche, pero tú no ves nada". "Bien, madre mía,"
dijo María, "Soy más bonita para Miguel, cuando no llevo mis gafas – y
él también es más bonito para mí."
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Sonntag, 16. März 2014
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